Argentina: Milei dice que es un problema privado. Los números dicen otra cosa.

20 millones de argentinos endeudados. Más de 5 millones en mora. Y el Gobierno dice: “Es un problema entre privados”.

Hay momentos en los que una estadística deja de ser una estadística.

Se convierte en una acusación.

En Argentina, el 17,5% del crédito otorgado a personas físicas está en mora.

Más de 20 millones de argentinos tienen algún tipo de financiación y alrededor de 5,3 millones acumulan atrasos superiores a 90 días. (El País⁠)

Y aquí aparece la frase que resume perfectamente la posición del Gobierno de Javier Milei:

“Es un problema entre privados”.

Perfecto.

Pero hay una pregunta que merece ser formulada:

¿En qué momento un problema entre millones de privados deja de ser un problema macroeconómico?

Porque si millones de familias no pueden pagar sus deudas, si el crédito se utiliza para financiar el consumo cotidiano y si la morosidad se multiplica casi por cinco en apenas 18 meses, quizá estamos ante algo bastante más serio que unos cuantos argentinos que firmaron contratos que ahora no pueden cumplir.

La cifra que debería hacer saltar todas las alarmas

En diciembre de 2024, la mora total representaba apenas el 3,6% del crédito a las familias.

En diciembre de 2025 había subido al 12,6%.

En junio de 2026 llegó al 17,5%.

En solo 18 meses, prácticamente se multiplicó por cinco. (Chequeado⁠)

Y no estamos hablando exclusivamente de grandes préstamos empresariales.

Una parte importante corresponde a algo mucho más preocupante:

personas que utilizan crédito para sobrevivir.

Según datos citados por Chequeado, más de la mitad de quienes están en mora deben menos de 500.000 pesos, un nivel de deuda compatible con financiación de bienes y servicios de consumo cotidiano. (Chequeado⁠)

Eso cambia completamente la discusión.

Porque cuando una familia pide dinero para comprar una empresa, estamos hablando de inversión.

Cuando pide dinero para pagar el supermercado, una factura o llegar a fin de mes, estamos hablando de otra cosa.

Estamos hablando de ingresos insuficientes.

Milei tiene una respuesta

Javier Milei considera que el Estado no debe rescatar a quienes asumieron deudas privadas.

Su argumento es coherente con su filosofía económica.

Si alguien pidió dinero prestado voluntariamente, debe asumir las consecuencias.

En una de sus respuestas más provocadoras, Milei preguntó:

“¿Les pusieron una pistola en la cabeza para tomar deuda?”

La frase es políticamente eficaz.

Pero económicamente es demasiado cómoda.

Porque presupone que todos los endeudados tomaron decisiones aisladas y perfectamente racionales.

Y los datos sugieren otra historia.

¿Realmente millones de argentinos decidieron simultáneamente ser irresponsables?

¿De verdad debemos creer que más de cinco millones de personas se despertaron un día y decidieron convertirse en malos pagadores?

¿O existe otra explicación?

Ingresos reales insuficientes.

Tipos de interés elevados.

Crédito fácil.

Billeteras digitales ofreciendo financiación inmediata.

Tarjetas utilizadas para financiar consumo básico.

Y, finalmente, una montaña de deuda que empieza a ser imposible de pagar.

El problema no es que los argentinos hayan descubierto de repente la irresponsabilidad.

El problema es que el crédito puede haber estado funcionando como sustituto del ingreso.

Y cuando el crédito sustituye al salario durante demasiado tiempo, la morosidad no es una sorpresa.

Es la consecuencia.

Cuattromo: “Se estaba sustituyendo ingreso con crédito”

El presidente del Banco Provincia, Juan Cuattromo, ha planteado precisamente esta interpretación.

Su diagnóstico es mucho más incómodo para el Gobierno:

“Se estaba sustituyendo ingreso con crédito.”

Cuattromo sostiene que el deterioro de los ingresos y las condiciones financieras terminaron expulsando a millones de personas del sistema crediticio. En julio señaló que casi siete millones de personas ya no estaban en condiciones de recibir crédito. (infobae⁠)

Si tiene razón, entonces estamos ante una paradoja brutal.

El sistema necesita que los argentinos consuman.

Pero muchos argentinos necesitan endeudarse para consumir.

Después no pueden pagar la deuda.

Y entonces se les dice que el problema es exclusivamente suyo.

¿No falta una parte de la historia?

Redrado propone una salida diferente

El ex presidente del Banco Central Martín Redrado no propone cancelar las deudas.

Propone algo mucho más pragmático:

refinanciar.

Plazos más largos.

Tasas previsibles.

Cuotas compatibles con los ingresos.

Y, sobre todo, evitar que quienes muestran voluntad de pago sean expulsados inmediatamente del sistema financiero. (Forbes Argentina⁠)

Su propuesta tiene una ventaja política importante:

no exige que el Estado pague la deuda.

No es un “bailout”.

No es regalar dinero.

Es intentar evitar que un problema de liquidez se convierta en insolvencia permanente.

Pero incluso Redrado se enfrenta a una pregunta incómoda:

¿Qué pasa cuando el problema no es la cuota, sino el salario?

Puedes refinanciar una deuda.

Puedes extenderla.

Puedes bajar la cuota.

Puedes cambiar la tasa.

Pero si el ingreso familiar continúa siendo insuficiente, solamente estás comprando tiempo.

Y el tiempo no paga las deudas.

La bomba está fuera de los bancos

Aquí aparece otro dato que debería preocupar incluso a los defensores más radicales del libre mercado.

Los proveedores no financieros de crédito representan solamente el 14,1% del crédito a personas, pero registran una mora cercana al 31%.

Es decir:

más del doble que el sistema financiero tradicional, cuya mora se ubicaba alrededor del 15,2%. (infobae⁠)

Billeteras virtuales.

Financieras.

Tarjetas no bancarias.

Crédito al consumo.

El problema no está únicamente dentro de los bancos.

Está en todo el ecosistema de financiación de los hogares.

Y eso hace todavía más difícil sostener que estamos ante simples contratos privados desconectados de la economía real.

La frase más peligrosa sería: “que se arreglen solos”

Porque cuando millones de personas dejan de pagar, alguien termina pagando.

Puede pagar el consumidor.

Puede pagar el banco.

Puede pagar la financiera.

Puede pagar el comercio.

Puede pagar el trabajador que deja de consumir.

Puede pagar el Estado, posteriormente, mediante una economía más débil y una menor recaudación.

Pero el coste no desaparece.

Simplemente cambia de lugar.

Eso es algo que cualquier economista debería entender.

Y aquí está mi opinión controversial

Milei tiene razón en rechazar un rescate indiscriminado de los deudores.

Pero se equivoca si cree que la dimensión del problema permite seguir tratándolo como un asunto puramente privado.

Porque cuando más de cinco millones de personas tienen atrasos significativos y la mora sobre el crédito familiar alcanza el 17,5%, el problema ya no es solamente quién firmó qué contrato.

Es un problema de demanda interna, ingresos, consumo, sistema financiero y estabilidad económica.

Y todavía hay algo más incómodo.

Si una economía necesita que sus ciudadanos se endeuden para mantener el consumo, pero después castiga la consecuencia inevitable de ese endeudamiento, tenemos un modelo económicamente contradictorio.

Primero el crédito mantiene el consumo.

Después la deuda destruye el consumo.

Finalmente la morosidad se presenta como culpa del consumidor.

Eso no es una estrategia económica.

Es una rueda.

Argentina no necesita más moralismo financiero

Necesita una discusión adulta sobre deuda.

No se trata de decir:

“Pobres argentinos, hay que perdonarles las deudas”.

Tampoco se trata de decir:

“Firmaste, ahora paga”.

Ambas posiciones son demasiado simples.

La verdadera pregunta es:

¿Por qué una economía necesita que millones de personas se endeuden para financiar su vida cotidiana?

Esa es la pregunta que debería estar en el centro del debate.

No si Milei puede decir que es un problema privado.

No si la oposición puede utilizarlo políticamente.

No si los bancos pueden refinanciar.

Sino por qué el ingreso de tantas familias dejó de ser suficiente para sostener su consumo sin crédito.

La ironía final

El Gobierno puede decir:

“El mercado lo resolverá”.

Los bancos pueden decir:

“Estamos refinanciando”.

Los economistas pueden discutir si la culpa es del crédito, de los salarios, de las tasas o de la política monetaria.

Pero hay una realidad que no necesita ideología:

una deuda que no puede pagarse no desaparece porque el Gobierno la llame un problema privado.

Y si casi uno de cada seis pesos prestados a las familias está en mora, quizá ha llegado el momento de dejar de preguntarnos quién tiene la culpa.

La pregunta correcta es mucho más incómoda:

¿Qué clase de crecimiento necesita una economía para que sus ciudadanos puedan vivir sin pedir dinero prestado para llegar a fin de mes?

Porque si la respuesta es “más crédito”…

Argentina no está resolviendo el problema.

Está refinanciándolo.

Roberto Balbino — CEO, Fintech SBB.