MILEI E ISRAEL: ¿ALIANZA DE LA ARGENTINA O ALIANZA DEL PRESIDENTE?
Seguridad, litio, inteligencia artificial, inversiones, los Acuerdos de Isaac y ahora la paradoja de Malvinas. Nunca la relación argentino-israelí había adquirido una dimensión política tan personal.
Hay una pregunta incómoda que la Argentina debería empezar a formularse.
No es si Javier Milei apoya a Israel.
Eso ya no admite discusión.
La verdadera pregunta es otra:
¿dónde termina la convicción personal de Javier Milei y dónde comienza una estrategia de Estado argentino?
Porque desde diciembre de 2023 la relación con Israel ha cambiado cualitativamente.
No estamos hablando solamente de diplomacia.
Estamos hablando de seguridad, lucha contra el terrorismo, tecnología, inteligencia artificial, inversiones, litio, gestión del agua, coordinación internacional y una arquitectura geopolítica nueva.
En abril de 2026 Milei llegó incluso a definir el vínculo como una “unión moral, espiritual y política” entre Argentina e Israel.
Para un presidente de la Nación, las palabras importan.
Y estas importan mucho.
Milei no descubrió Israel al llegar a la Casa Rosada
Su aproximación al judaísmo y su admiración por Israel preceden a su presidencia.
Pero desde que llegó al poder esa afinidad personal se convirtió en política exterior.
Israel fue uno de sus primeros destinos presidenciales.
Argentina declaró a Hamas organización terrorista internacional en julio de 2024.
En 2025 se profundizó la cooperación en defensa, seguridad, terrorismo y antisemitismo.
Y en abril de 2026 llegó el salto definitivo:
los Acuerdos de Isaac.
Inspirados explícitamente en los Abraham Accords de Donald Trump, pretenden construir una cooperación entre Argentina, Israel y otros países afines del hemisferio occidental.
Incluyen seguridad, terrorismo, Irán, coordinación diplomática, innovación, tecnología, comercio y apertura económica.
No es una relación bilateral convencional.
Es un proyecto geopolítico.
Washington–Jerusalén–Buenos Aires
Ese parece ser el nuevo triángulo estratégico imaginado por Milei.
Estados Unidos.
Israel.
Argentina.
La lógica es clara: alejar definitivamente a Argentina de las ambigüedades geopolíticas del kirchnerismo y colocar al país dentro del bloque occidental liderado por Washington.
Puede gustar o no.
Pero existe una coherencia.
La pregunta económica, sin embargo, sigue pendiente.
¿Qué obtiene Argentina?
Porque la política exterior no puede medirse solamente en afinidades ideológicas.
Debe medirse también en dólares, inversiones, tecnología, empleo y poder.
Los US$150 millones
Durante la visita de Milei a Israel en abril de 2026 se anunció una línea de crédito de aproximadamente US$150 millones destinada a apoyar empresas israelíes que operan en Argentina.
Perfecto.
Argentina necesita inversión.
Pero corresponde preguntar:
¿qué facilidades equivalentes reciben las empresas argentinas?
¿Cuánto capital nuevo llegará?
¿Cuánto empleo generará?
¿Cuánta tecnología quedará en Argentina?
¿Quién conservará la propiedad intelectual?
Las alianzas entre Estados no deberían evaluarse por fotografías.
Deberían evaluarse por resultados.
Y aparece el litio
Ya en febrero de 2024, durante la primera visita presidencial de Milei a Israel, Diana Mondino se reunió con la tecnológica israelí XtraLit.
La Cancillería argentina informó que la compañía estudiaba proyectos relacionados con adquisición, producción y generación de valor agregado del litio argentino y planeaba instalar un laboratorio y contratar científicos en Argentina.
Esto merece atención.
Argentina posee uno de los recursos estratégicos fundamentales de la transición energética mundial.
Pero poseer litio no garantiza riqueza.
África posee minerales.
América Latina posee materias primas.
La riqueza suele terminar donde están la tecnología, las patentes, el capital y la transformación industrial.
Por eso la pregunta correcta no es:
¿vendemos litio?
Es:
¿qué parte de la cadena de valor conservamos?
También el agua
Israel también aparece en otro sector estratégico.
Mekorot, empresa estatal israelí especializada en agua, había establecido cooperación con siete provincias argentinas: Catamarca, Formosa, La Rioja, Río Negro, San Juan, Mendoza y Santa Cruz.
La cooperación tecnológica puede ser extremadamente útil.
Israel posee una experiencia extraordinaria en administración de recursos hídricos.
Pero precisamente porque hablamos de agua, los contratos, costos, conocimiento transferido y gobernanza deben ser transparentes.
Ser aliado no significa dejar de hacer preguntas.
Inteligencia artificial
En abril de 2026 Milei anunció además cooperación bilateral en inteligencia artificial: desarrollo conjunto de modelos, formación de especialistas, aplicaciones productivas y coordinación internacional.
Esto podría convertirse en uno de los aspectos económicamente más valiosos de toda la relación.
Pero nuevamente:
queremos ver resultados.
Empresas.
Patentes.
Exportaciones.
Productividad.
Investigación argentina.
No solamente memorandos.
Entonces llegaron las Malvinas
Y aquí la historia se vuelve extraordinariamente interesante.
El proyecto petrolero Sea Lion, al norte de las Malvinas/Falklands, está operado por Navitas Petroleum, cotizada en Tel Aviv, que posee el 65%.
Rockhopper posee el restante 35% y entre sus inversores importantes aparecen también fondos israelíes.
El yacimiento tendría aproximadamente 1.700 millones de barriles y la primera fase supone inversiones cercanas a US$2.200 millones.
¿Qué hizo Milei?
En lugar de mirar hacia otro lado para no incomodar a su aliado más cercano, endureció la posición argentina.
Y el 8 de septiembre el gobierno argentino presentó una denuncia penal contra Navitas y sus ejecutivos por las actividades hidrocarburíferas realizadas bajo licencias que Buenos Aires considera ilegales.
Esto cambia bastante el análisis.
Porque demuestra que proximidad con Israel no significa necesariamente subordinación frente al capital israelí.
Cuando Milei considera que existe una colisión con la soberanía argentina sobre Malvinas, aparentemente existe un límite.
Y Vaca Muerta no pertenece a Israel
Conviene desmontar otra simplificación.
Israel no controla Vaca Muerta.
YPF continúa siendo el actor dominante y allí operan empresas argentinas y multinacionales de múltiples países.
Incluso Italia tiene una oportunidad extraordinariamente importante.
En 2025 Eni y YPF acordaron evaluar conjuntamente una fase de Argentina LNG vinculada al gas de Vaca Muerta.
El proyecto global contempla eventualmente hasta 30 millones de toneladas anuales de GNL, mientras la fase Eni–YPF contempla dos unidades flotantes por un total de 12 millones de toneladas anuales.
Mientras algunas delegaciones extranjeras siguen viajando a Buenos Aires para “descubrir oportunidades”, los grandes jugadores ya están tomando posiciones.
El capital internacional no espera.
La comunidad judía argentina no es Israel
Hay además una distinción imprescindible.
Argentina tiene alrededor de 173.000 ciudadanos judíos, la mayor comunidad judía de América Latina.
Son argentinos.
No son representantes del gobierno israelí.
Hablar de una genérica “influencia judía” confundiría religión, ciudadanía, empresas y Estado y nos impediría analizar precisamente aquello que sí puede demostrarse.
Lo extraordinario no es una supuesta influencia de los judíos argentinos.
Es algo mucho más concreto:
la extraordinaria influencia que Israel ha adquirido dentro de la visión geopolítica personal de Javier Milei.
Y eso está documentado.
La pregunta final
Quizás Milei tenga razón.
Quizás Israel termine siendo para Argentina un socio extraordinario en tecnología, seguridad, inteligencia artificial, agricultura, agua y capital.
Dentro de diez años podríamos mirar atrás y descubrir que esta aproximación fue una de las decisiones estratégicas más inteligentes de su presidencia.
Pero existe también otra posibilidad.
Que una relación impulsada inicialmente por convicciones personales e ideológicas del Presidente haya avanzado más rápidamente que el cálculo económico del Estado.
Por eso Argentina debería exigir una respuesta muy sencilla:
¿qué estamos obteniendo a cambio?
No discursos.
No afinidades.
No fotografías frente al Muro Occidental.
Inversión.
Tecnología.
Empleo.
Exportaciones.
Propiedad intelectual.
Seguridad.
Capacidad industrial.
Si llegan esos resultados, tendremos una alianza estratégica.
Si no llegan, tendremos otra cosa:
una política exterior construida alrededor de las convicciones personales de un Presidente.
Y esas dos cosas no son necesariamente lo mismo.
Fuentes: Presidencia de la Nación Argentina; Cancillería Argentina; Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel; Eni; World Jewish Congress; Reuters.
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