Por qué ganó la derecha en Chile y Colombia: una explicación económica más allá de la ideología
Análisis personal — no representa una posición ideológica
VERSIÓN EN ESPAÑOL
¿Por qué el péndulo político se desplazó hacia la derecha?
Las victorias de José Antonio Kast en Chile y Abelardo de la Espriella en Colombia suelen interpretarse utilizando las categorías tradicionales de izquierda y derecha, progresismo y conservadurismo, liberalismo y nacionalismo.
Esa explicación es incompleta.
Existe una interpretación económica más interesante.
En ambos países, una parte importante del electorado no votó necesariamente por un proyecto ideológico completamente definido. Votó contra la incertidumbre económica, la inseguridad, las expectativas débiles y la percepción de que el gobierno estaba perdiendo capacidad para producir resultados concretos.
Los dos casos son diferentes.
Chile es económicamente más estable y cuenta con instituciones más sólidas que Colombia. Colombia, además, experimentó importantes mejoras sociales durante el gobierno de Gustavo Petro.
Pero las dos elecciones muestran un fenómeno parecido:
cuando las expectativas crecen más rápido que la realidad económica, los votantes pueden abandonar rápidamente a la coalición política que prometió la transformación.
Chile: más que una crisis, el problema fue el estancamiento de las expectativas
José Antonio Kast ganó las elecciones presidenciales de diciembre de 2025 con aproximadamente el 58% de los votos, protagonizando el giro más importante hacia la derecha de Chile en varias décadas. Su campaña combinó seguridad, inmigración, crecimiento económico y estabilidad institucional. (Reuters)
Lo interesante es que Chile no estaba atravesando una catástrofe económica.
La OCDE esperaba un crecimiento del PIB de aproximadamente 2,3% en 2025 y 2,1% en 2026. Datos posteriores indican que el PIB creció alrededor del 2,5% en 2025, mientras la inflación regresaba hacia el objetivo del Banco Central. Además, la inversión se recuperó con fuerza: la formación bruta de capital fijo aumentó alrededor de un 7% en 2025. (OECD)
Entonces, ¿por qué perdió el gobierno asociado a la izquierda chilena?
Porque las estadísticas económicas y la percepción económica no son lo mismo.
Para muchos ciudadanos, la comparación relevante no era simplemente entre inflación y crecimiento del PIB. Era la diferencia entre lo que se había prometido y lo que realmente experimentaban las familias.
El gobierno de Gabriel Boric llegó al poder con una agenda de transformación profunda: un nuevo modelo social, una reforma constitucional, mayor redistribución y una ampliación significativa del papel del Estado.
El proyecto constitucional fracasó en dos ocasiones.
La economía evitó el colapso, pero el crecimiento permaneció relativamente moderado frente a las expectativas generadas por la transformación política posterior a las protestas de 2019.
Se produjo así una asimetría política importante:
los costes de la transformación eran visibles; sus beneficios eran mucho más difíciles de identificar.
Este mecanismo se repite frecuentemente en política económica.
Cuando los ciudadanos creen que una transformación política debería producir una mejora sustancial en su nivel de vida, crecer al 2–3% puede ser técnicamente aceptable, pero políticamente insuficiente.
Colombia: una ecuación económica diferente
Colombia presenta un caso todavía más interesante.
El gobierno de Gustavo Petro no puede ser definido simplemente como un fracaso económico.
La pobreza disminuyó de manera significativa, el empleo se mantuvo relativamente fuerte y algunos indicadores sociales mejoraron. Un análisis estima que la pobreza multidimensional rural descendió del 27,3% en 2022 al 22,4% en 2025. (CEPR)
El PIB también recuperó crecimiento, alrededor del 2,6% en 2025.
Pero otras variables evolucionaron en sentido contrario.
La inflación permaneció muy por encima del objetivo del 3% del Banco de la República. El banco central proyectaba una inflación de aproximadamente 6,3% para 2026, mientras aumentaban las presiones fiscales y la inversión privada se convertía en una preocupación central. (banrep.gov.co)
Colombia llegó así al final del gobierno Petro con una combinación particularmente compleja:
avances sociales + deterioro fiscal + inflación persistente + incertidumbre política + deterioro de la seguridad.
Esa combinación es electoralmente peligrosa.
Un gobierno puede sobrevivir a un crecimiento débil si la población considera que la dirección es correcta.
Puede sobrevivir a la inflación si los salarios y el empleo compensan la pérdida de poder adquisitivo.
Puede sobrevivir al conflicto político si las instituciones mantienen credibilidad.
Pero cuando varias incertidumbres se acumulan simultáneamente, los votantes tienden a valorar más la previsibilidad que la transformación.
Ahí encontró su oportunidad la derecha colombiana.
La variable económica oculta: las expectativas
La variable más importante de ambas elecciones quizá no haya sido el PIB.
Fue la expectativa.
Los ciudadanos no votan utilizando las cuentas nacionales. Votan según su percepción de los próximos dos o tres años.
¿Aumentará mi poder adquisitivo?
¿Encontraré un trabajo mejor?
¿Mi empresa invertirá?
¿Subirán los impuestos?
¿Controlará el gobierno el gasto público?
¿Será más seguro mi barrio?
¿Seguirá el país siendo atractivo para los inversores?
Todas esas preguntas son económicas aunque se expresen mediante un lenguaje político.
Y aquí es donde las elecciones chilena y colombiana coinciden.
La derecha consiguió transformar la incertidumbre en un mensaje político:
El problema ya no es que la sociedad necesite más transformación. Necesita orden, inversión, crecimiento y previsibilidad.
Ese mensaje no exige que todos los votantes se conviertan en conservadores.
Solo exige que una parte del electorado considere que el gobierno anterior ya no era capaz de ofrecer aquello que consideraba esencial.
Comparación con ciclos anteriores de América Latina
El fenómeno no es nuevo.
América Latina ha demostrado repetidamente un efecto de péndulo.
Cuando la desigualdad, la pobreza y la exclusión social dominan la agenda política, los votantes se desplazan hacia la izquierda.
Cuando dominan la inflación, la inestabilidad fiscal, la inseguridad, el desempleo o la incertidumbre económica, los votantes suelen regresar hacia la derecha.
La diferencia actual es que el ciclo izquierda-derecha parece ser cada vez más rápido.
Argentina constituye un ejemplo evidente. La victoria de Javier Milei se construyó sobre la frustración económica, la inflación y el rechazo a un sistema político considerado incapaz de recuperar el poder adquisitivo y la estabilidad macroeconómica.
Chile siguió otro camino.
No sufrió una inflación argentina ni un colapso monetario. El electorado se volvió progresivamente más preocupado por la seguridad, la inmigración, el dinamismo económico y la eficacia del gobierno. La victoria de Kast representa, por tanto, menos una rebelión económica contra una crisis y más una rebelión contra un desempeño económico e institucional considerado insuficiente en relación con las expectativas. (GIS Reports)
Colombia se encuentra en algún punto intermedio.
Tampoco sufrió un colapso macroeconómico.
Pero los votantes percibieron crecientemente que el gobierno intentaba transformar demasiados aspectos de la economía mientras tenía dificultades para mantener simultáneamente la credibilidad fiscal, la confianza inversora y la seguridad pública.
La elección de Abelardo de la Espriella en 2026 fue además muy ajustada, a diferencia de la victoria contundente de Kast.
Esta diferencia es fundamental.
Colombia no experimentó un realineamiento ideológico comparable al chileno.
Experimentó un cambio de gobierno en condiciones de profunda polarización política y social. De la Espriella derrotó a Iván Cepeda por aproximadamente un punto porcentual. (El País)
La paradoja: ahora la derecha tiene que producir los resultados económicos que prometió
Este es probablemente el elemento más importante de toda la historia.
Ganar las elecciones es más fácil que gobernar.
Kast prometió crecimiento, reducción del gasto público, mayor inversión y seguridad. El nuevo gobierno colombiano también ha prometido medidas económicas agresivas, incluyendo fuertes reducciones del gasto y un crecimiento mucho más rápido. (AP News)
Pero las expectativas pueden volverse contra los nuevos gobiernos con la misma rapidez con la que se volvieron contra los anteriores.
Un gobierno de derecha no puede limitarse a decir:
“El problema era el gobierno anterior.”
Ahora tendrá que demostrar:
mayor productividad, más inversión, mejor empleo, finanzas públicas sostenibles y mayores ingresos reales.
Si esos resultados no llegan, el péndulo político puede volver a moverse.
Esta es la gran lección de la política latinoamericana.
El electorado parece cada vez menos fiel a las ideologías y cada vez más sensible a los resultados económicos y a las expectativas.
¿Qué podemos esperar?
Chile parte de una posición más favorable.
Sus instituciones continúan siendo relativamente sólidas, la inflación ha sido controlada y la inversión se ha recuperado. El principal desafío de Kast será transformar las expectativas políticas en mayor productividad y crecimiento sostenible sin deteriorar la estabilidad fiscal ni la cohesión social. (ODI: Think change)
Colombia presenta mayores dificultades.
El nuevo gobierno hereda una posición fiscal mucho más frágil, inflación persistente y un país profundamente polarizado. Al mismo tiempo, Colombia mantiene un enorme potencial en energía, minería, infraestructura, servicios y comercio internacional.
El riesgo es que nuevamente se hayan creado expectativas excesivamente elevadas.
Si los nuevos gobiernos consiguen un crecimiento moderado pero sostenible, el giro político podría convertirse en estructural.
Si prometen un crecimiento del 6–7% pero consiguen únicamente un 2–3%, el mismo mecanismo que derrotó a la izquierda podría terminar derrotando a la derecha.
Conclusión
La lección más interesante de Chile y Colombia no es que América Latina se haya vuelto repentinamente de derecha.
Es que la paciencia económica de los votantes se ha reducido.
Los ciudadanos toleran cada vez menos una transformación política permanente sin resultados y también toleran cada vez menos una liberalización económica que no produzca mejoras sociales.
Quieren crecimiento, seguridad, poder adquisitivo, empleo e instituciones eficaces.
La ideología sigue siendo importante.
Pero cada vez parece más que la ideología es el lenguaje mediante el cual los ciudadanos expresan algo más profundo:
sus expectativas sobre el futuro.
Por eso, las elecciones de Chile y Colombia no deberían interpretarse simplemente como victorias de la derecha.
Deberían interpretarse como votos a favor de una promesa económica diferente.
Y esa promesa tendrá ahora que enfrentarse a la realidad.
Roberto Balbino — CEO, Fintech SBB
Originally published on Substack.
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